La Caída

Mientras caía, el Ángel se preguntó si había merecido la pena, si alguna vez se darían cuenta de lo que habían perdido realmente, si alguna vez se perdonarían por no volver a oír la Voz reconfortante. Roca, magma y cenizas; era lo único que les quedaba, porque ya no volverían a ver la Luz Divina, y nunca más sentirían su Presencia.
De rodillas, sobre la lava todavía caliente, rodeado de los humos sulfurados, levantó la cabeza para ver por última vez el Destello en lo Alto. Cerró los puños, se tragó las lágrimas amargas y se levantó orgullosamente. Ahora tenía todo un Reino para gobernar.